Pocas bandas han logrado mantenerse tan impredecibles, aventureras y genuinamente extrañas como Sigh. Tras más de tres décadas de existencia, la banda japonesa podría haberse acomodado fácilmente a una versión cómoda de su propia fórmula, pero "Goh-Ka" demuestra una vez más que Mirai Kawashima y compañía no tienen intención de hacerlo. Este es otro gran disco de una banda que nunca se ha interesado particularmente en seguir las reglas de nadie.
Curiosamente, "Goh-Ka" suena algo más melódico que algunos de los trabajos anteriores de Sigh. Esto no significa que la banda se haya vuelto repentinamente accesible o haya abandonado su excentricidad; más bien, sus melodías son más prominentes, sus arreglos más atractivos y algunas de las composiciones considerablemente más fáciles de asimilar. El álbum sigue exigiendo atención, pero hay una mayor sensación de invitación que de confrontación. Da la impresión de que Sigh intenta, al menos en parte, atraer a un público más amplio sin sacrificar lo que los hace únicos.
Es un equilibrio difícil de lograr, especialmente para una banda cuya música tradicionalmente se ha nutrido del exceso. "Goh-Ka" sigue repleto de Black, con una batería furiosa -muy bien ejecutada- y riffs siniestros que constituyen gran parte de su base. Al mismo tiempo, los elementos Avant-Garde están presentes en todas partes: arreglos extraños, transiciones inesperadas, pasajes psicodélicos, influencias tradicionales japonesas, tendencias progresivas y secciones atmosféricas que transforman repentinamente el carácter de una canción.
El resultado es quizás uno de los discos más accesibles de Sigh sin llegar a ser convencional. Temas como Kuso-shi 1, 2 and 3 demuestran la eficacia con la que la banda combina melodía, atmósfera y experimentación, mientras que Jigoku-Zoshi 1: Unkamusho y Jigoku-Zoshi 2: Tokatsujigoku me recuerdan que el viejo monstruo del Black sigue más vivo que nunca. Unputenpu es otro momento particularmente atractivo, que combina algunas de las melodías más memorables del álbum con la excentricidad característica de Sigh.
Otro punto fuerte es la producción. "Goh-Ka" suena excepcionalmente bien grabado y masterizado. Teniendo en cuenta la cantidad de capas, texturas e instrumentos contrastantes que Sigh incorpora en sus composiciones, mantener la claridad podría haber sido una pesadilla. En cambio, el disco suena potente, detallado y espacioso, permitiendo que las guitarras, los teclados, la percusión, las voces y los elementos más inusuales coexistan sin convertirlo todo en una masa sonora indistinguible. Las interpretaciones, en particular la batería de Mike Heller, se benefician enormemente de este tratamiento sonoro.
Quizás la única objeción sea que el álbum a veces da la sensación de intentar abarcar demasiadas ideas, algo que siempre ha sido tanto la mayor fortaleza de Sigh como su debilidad ocasional. "Goh-Ka" no representa una reinvención radical de Sigh. En cambio, es un refinamiento de su identidad. El Black se mantiene, la vanguardia se mantiene, la rareza sin duda se mantiene, pero todo se ha pulido en un paquete más melódico, accesible e inmediatamente atractivo. Puede que Sigh esté intentando llegar a un público más amplio, pero afortunadamente no han tenido que volverse ordinarios para lograrlo.
8.5/10. Otra gran portada
