Dos décadas es mucho tiempo para dejar una obra maestra sin respuesta. Desde "Watching from A Distance" (2006) -un disco tan devastador que se cita habitualmente como uno de los puntos álgidos del Doom- Patrick Walker se ha mantenido bastante discreto en el frente de Warning, canalizando su talento compositivo en 40 Watt Sun. Así que cuando se anunció que Warning finalmente regresaría con material nuevo, la presión no era tanto si sería bueno, sino más bien si podrían superarse a sí mismos. "Rituals Of Shame" no intenta escapar de la sombra de su predecesor. Simplemente irrumpe, sin prisas, y demuestra que el don de Walker para transformar el dolor en arquitectura sigue intacto.
A lo largo de cinco temas y cuarenta y cinco minutos, este es un Doom (cuasi Funeral) ejecutado con verdadera disciplina. Los tempos son gélidos, los riffs tienen espacio para respirar hasta que prácticamente gimen bajo su propio peso emocional y nada se apresura hacia un coro fácil. El tema que abre el disco y le da título, Rituals of Shame, se extiende más allá de los doce minutos sin resultar 'demasiado' repetitivo, desplegando una melodía sombría y envolvente que marca la pauta para todo lo que sigue. Stations y la espaciosa Landing Lights exploran esa misma desolación épica.
Pero el verdadero instrumento aquí -el que realmente sostiene el disco- es la voz de Walker. No es una demostración técnica; es algo más parecido a un elixir hipnótico, un goteo lento que se te mete bajo la piel y se queda ahí. No canta a gritos ni dramatiza el dolor, simplemente lo deja fluir, quebrado y sin reservas, sobre guitarras que giran en lugar de aplastar. Esa voz marca la diferencia entre el Doom como espectáculo y el Doom como confesión.
También hay que reconocer el mérito de la sección rítmica: el bajista Marcus Hatfield y el baterista Andy Prestidge mantienen un sonido sencillo y enérgico en lugar de ostentoso, lo que permite que las líneas melódicas de guitarra y la voz de Walker tengan el espacio necesario para resonar. Adicionalmente la ausencia de teclados es interesante porque obliga crear sonidos atmosféricos sin esa muletilla.
Si hay algún punto débil en el álbum, es que su paciencia a veces roza la monotonía: un par de pasajes a medio tempo se extienden más de lo que la recompensa emocional exige, y quienes esperen variedad podrían encontrar la paleta sonora limitada. No es un disco para escuchar repetidamente; exige toda tu atención y ofrece muy poco respiro a cambio.
Aun así, si bien volver a escucharlos después de veinte años es una cosa, regresar con tanta moderación, con tan pocas concesiones y manteniendo intacta gran parte de su identidad original es otra historia. Warning no solo regresó, sino que lo hizo con clase.
8/10









