"Liturgy Of Death" de Mayhem no es una reinvención del legado de la banda, sino una declaración vigorosa y sorprendentemente juguetona al final de su carrera, donde refinan armas conocidas en lugar de forjar otras completamente nuevas. Dentro de ese marco, logra ofrecer varias ideas interesantes, especialmente en su segunda mitad, rica en texturas, que se convierte silenciosamente en el principal atractivo del álbum.
El disco surge siete años después de "Daemon" (2019), con la formación ya consolidada de Attila Csihar, Necrobutcher, Teloch, Ghul y Hellhammer, que suena cómoda en su piel actual -recordarle a los neófitos que esta es 'La Banda' de Black, junto con dos o tres más-. Temas iniciales como Ephemeral Eternity y Despair se apoyan en arreglos densos, alternando entre violencia asfixiante y pasajes inquietantes, casi cinematográficos, y demuestran claramente que Mayhem sigue comprometido con la abstracción y la disonancia, en lugar del enfoque basado en ganchos más melódicos que muchos colegas han adoptado. Por momentos, este primer tramo parece una continuación de la estética refinada de "Daemon" y "Esoteric Warfare" (2014).
A partir de Funeral Of Existence, el disco cobra una velocidad mucho más convincente, convirtiendo su segunda mitad en la parte más memorable y cohesiva de la experiencia. Realm Of Endless Misery y Propitious Death impulsan esto aún más, jugando con el tempo y la textura para que cada explosión de velocidad se sienta ganada en lugar de obligatoria, y el control de la banda sobre el flujo del sonido se convierte en uno de los placeres silenciosos del álbum. Este tramo se siente como Mayhem en su momento más concentrado en años, no necesariamente innovador para su catálogo, pero sí agudo, variado y consistentemente cautivador.
La pieza central de cierre, The Sentence Of Absolution, es donde "Liturgy Of Death" se impone con fuerza. Construida sobre solos mordaces y una base rítmica impenetrable, la canción muta gradualmente de un asalto ansioso de Black a algo más ritualista, permitiendo que sintetizadores y guitarras disonantes se arremolinen alrededor de la voz cambiante de Attila antes de que la composición se disuelva en una coda de percusión tribal, similar a un canto. Aquí, Mayhem entreteje melodías y patrones de percusión con sabor árabe, lo que refuerza el aura de la pieza. El resultado es un final que se siente a la vez teatral y extrañamente íntimo, cerrando el álbum con pulsos de tambores y voces espectrales que perduran mucho después de que se desvanece el último gruñido. Nominada como contendiente a Canción del Año de ELOMC.
En definitiva, "Liturgy Of Death" no revoluciona la historia de Mayhem ni derriba sus lanzamientos canónicos, pero sí presenta un refinamiento seguro y a veces unpoco aventurero, de su sonido moderno que recompensa la escucha completa del álbum. Es menos un nuevo capítulo que un oscuro epílogo de una historia ya escrita, pero aun así es apasionante, divertido y, en ocasiones, fascinante.
7.5/10









