Hay algo realmente admirable en la ambición de Anna Fiori con "Metztli", su tercer álbum de estudio en solitario. Descrito por la propia artista como Metal Azteca Cinematográfico, es un disco conceptual que intenta entrelazar la mitología prehispánica, letras en náhuatl, la grandiosidad orquestal y la potente maquinaria del Sinfónico en un viaje único y coherente a través de la pérdida y el duelo. El concepto es impactante. Sin embargo, la ejecución es decididamente irregular.
Fiori no es una novata. La cantante mexicana ha estado desarrollando su proyecto en solitario desde hace años, ha colaborado con artistas europeos como Fabio Lione (esto no se si es necesariamente un galón en la chatarrera) y Timo Somers (Delain) y se ha ganado el reconocimiento en los círculos del Metal latinoamericano. Definitivamente se puede decir que es una voz experimentada en el género.
El álbum comienza con Luna Creciente (Axnoaxka Noojtli), una introducción envolvente y atmosférica que eleva el listón con su instrumentación prehispánica y su densa textura orquestal. Más adelante Luna Llena (Xiki Noeso), con sus nueve minutos de duración, es la pieza más cinematográfica del disco, pero un tema que en ocasiones se pierde en su propia inmensidad. El Vacío y Entre Mil Voces suenan regulares, se me antojan el tipo de relleno que una edición más rigurosa podría haber recortado. Luego varios temas añaden algo de atmósfera, pero no siento que alcancen el clímax dramático que parece estar buscando.
El momento cumbre es, sin duda, Luna Menguante (Nimotemak). Aquí, todo encaja bastante mejor: la letra en náhuatl le confiere una gravedad emocional a la que aspira el resto del álbum, el arreglo orquestal tiene una urgencia genuina y la melodía perdura después de que termina la canción. Es la pieza que mejor justifica el concepto del álbum y sugiere lo que "Metztli" podría haber sido en su totalidad si se hubiera aplicado el mismo enfoque a lo largo de todo el disco.
Luego está la cuestión de la voz de Anna Fiori, la cualidad que será más debatida luego de escuchar "Metztli". En sus mejores momentos posee una calidad mezzosoprano expresiva que transmite un sentimiento genuino. El problema surge cuando las canciones exigen una mayor grandiosidad. En esos momentos, Fiori recurre a la potencia operística y el dramatismo al estilo de las voces más icónicas del género, de tipo Simone Simons de Epica, cuya autoridad cristalina se ha convertido en un referente para los vocalistas de género a nivel mundial. La imitación es evidente y la brecha entre la aspiración y la ejecución es demasiado grande como para ignorarla. Fiori a veces parece esforzarse por alcanzar un techo que aún no ha llegado. El resultado es una interpretación vocal oscilante: a veces genuinamente conmovedora, otras caricaturesca.
En conjunto, "Metztli" es un disco aceptable, donde hecho de menos temas de esos que el estilo acostumbra a hacer que se queden contigo, aunque está sostenido por un concepto notable y algunos momentos destacables. Es el tipo de álbum que insinúa grandeza sin llegar a materializarla.
6.5/10. Excelente portada, eso si.

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